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martes, 11 de junio de 2019

Hace 56 años hablaba John Fitzgerald Kennedy




DISCURSO DE LOS DERECHOS CIVILES DESDE LA CASA BLANCA
John F. Kennedy 
11 de Junio de 1963


Buenas noches, conciudadanos:
Esta tarde, tras una serie de amenazas y declaraciones desafiantes, ha sido necesaria la presencia de la Guardia Nacional de Alabama en la Universidad de Alabama para hacer cumplir la orden definitiva e inequívoca del Tribunal de Distrito de los Estados Unidos para el Distrito Norte de Alabama. En esta orden se exigía la admisión de dos jóvenes residentes de Alabama claramente cualificados que, por las circunstancias de la vida, habían nacido negros.
Que se les admitiera pacíficamente en el campus ha sido, en buena parte, gracias a la conducta de los estudiantes de la Universidad de Alabama, que cumplieron con sus responsabilidades de forma constructiva.
Espero que todos los ciudadanos estadounidenses, con independencia del lugar donde vivan, se paren a hacer examen de conciencia sobre estos y otros incidentes de esta índole. Esta Nación fue fundada por hombres de muchos países y procedencias. Se fundó basándose en el principio de que todos los seres humanos son creados iguales, y de que los derechos de cada ser humano se ven reducidos cuando se amenazan los derechos de uno solo de ellos.
Hoy, estamos comprometidos en una lucha mundial por promover y proteger los derechos de todos los que desean ser libres. Y cuando enviamos ciudadanos estadounidenses a Vietnam o Berlín Occidental, no pedimos que vayan solo blancos. Por lo tanto, debería ser posible que los estudiantes estadounidenses de cualquier color asistieran a cualquier institución pública que elijan sin que les tengan que proteger efectivos del ejército.
Debería ser posible que los consumidores estadounidenses de cualquier color recibieran igual servicio en establecimientos públicos, tales como hoteles y restaurantes, cines y comercios, sin verse obligados a convocar manifestaciones en las calles, y debería ser posible que los ciudadanos estadounidenses de cualquier color se inscribiesen para votar en unas elecciones libres sin interferencias o temor de represalias.
Debería ser posible, sencillamente, que todos los estadounidenses disfrutaran de los privilegios de ser estadounidenses con independencia de su raza o su color. Sencillamente, todos los estadounidenses deberían tener el derecho de que se les tratasen como ellos desearan, como uno querría que se tratara a sus hijos. Pero esto no sucede así.
Un bebé negro nacido en los Estados Unidos hoy, sin importar en qué parte de la Nación venga al mundo, tiene más o menos la mitad de probabilidades de completar la escolarización en el instituto que un bebé blanco nacido en el mismo lugar el mismo día, una tercera parte de probabilidades de llegar a completar estudios universitarios, una tercera parte de probabilidades de llegar a convertirse en un profesional, el doble de probabilidades de estar desempleado, una séptima parte de probabilidades de ganar 10.000 dólares anuales, una esperanza de vida siete años menor, y la perspectiva de ganar solamente la mitad.
Y no es un problema que afecte solo a algunos sectores del país. Existen dificultades relativas ala segregación y la discriminación en todas las ciudades, en todos los estados de la Unión, lo que está dando lugar en muchas ciudades a una ola de descontento que va en aumento y amenaza la seguridad pública. Tampoco es una cuestión partidista. En un momento de crisis nacional, los hombres generosos de buena voluntad deberían poder unirse con independencia de los partidos ola política. Ni siquiera es solamente una cuestión legal o legislativa. Es mejor dirimir estos asuntos en los tribunales que en las calles, y se necesitan leyes nuevas en todos los ámbitos, pero la ley por sí sola no puede hacer que los hombres distingan el camino recto.
Nos vemos principalmente ante una cuestión moral. Es tan antigua como las Escrituras y tan clara como la Constitución estadounidense.
El núcleo de la cuestión es si todos los estadounidenses deben disfrutar de igualdad de derechos e igualdad de oportunidades, si vamos a tratar a nuestros conciudadanos como queremos que nos traten a nosotros. Si un estadounidense, por tener la piel oscura, no puede entrar a comer en un restaurante abierto al público, si no puede mandar a sus hijos a la mejor escuela pública disponible, si no puede votar a los responsables públicos que le van a representar, si, sencillamente, no puede disfrutar de la vida plena y libre que todos nosotros deseamos, entonces, ¿quién de nosotros estaría dispuesto a cambiar el color de su piel y ocupar su lugar? ¿Quién de nosotros se conformaría con consejos de paciencia y demora?
Han pasado cien años de demoras desde que el presidente Lincoln liberó a los esclavos, pero sus herederos, sus nietos, no son plenamente libres. Todavía no están libres de las cadenas de la injusticia. Todavía no están libres de la opresión social y económica. Y esta Nación, con todas sus esperanzas y sus alardes, no será libre hasta que todos sus ciudadanos sean libres.
Predicamos la libertad en todo el mundo y estamos convencidos de ello, y apreciamos nuestra libertad aquí, en casa, pero ¿vamos a decirle al mundo y, lo que es más importante, nos vamos a decir unos a otros, que esta es la tierra de los libres excepto para los negros; que no tenemos ciudadanos de segunda clase excepto los negros; que no tenemos ningún sistema de clases o castas, guetos ni ninguna raza dominante... salvo respecto a los negros?
Ha llegado el momento de que esta Nación cumpla su promesa. Los acontecimientos de Birmingham y otros lugares han propiciado tal aumento de los gritos por la igualdad que ninguna ciudad, ningún estado ni ningún órgano legislador prudente puede hacer caso omiso de ellos.
La llama de la frustración y la discordia arde en todas las ciudades, del norte y del sur, y no hay remedios jurídicos disponibles. Se busca la reparación en las calles, en manifestaciones, marchas y protestas que crean tensiones, presagian violencia, amenazan vidas.
Por consiguiente, nos hallamos ante una crisis moral como país y como personas. No se puede solucionar con medidas de represión policial. No se puede arreglar a base de más y más manifestaciones en las calles. No se puede acallar con gestos o palabras. Es el momento de actuar en el Congreso, en los organismos legislativos locales de cada Estado y, sobre todo, en nuestras vidas cotidianas.
No basta con echar la culpa a los demás, con decir que es un problema de una zona del país u otra, o con lamentar la situación que se nos plantea. Es un momento de grandes cambios y nuestra labor, nuestra obligación, consiste en llevar a cabo esa revolución, esos cambios, de forma pacífica y constructiva para todos.
Los que no hacen nada atraen la deshonra, además de la violencia. Los que actúan con valentía están reconociendo lo que es correcto, además de la realidad.
La semana que viene pediré al Congreso de los Estados Unidos que actúe, que contraiga un compromiso que no ha llegado a asumir en este siglo, respecto del principio según el cual la raza no tiene lugar en la vida o las leyes estadounidenses. El sector judicial federal ha ratificado este principio en el desempeño de sus actividades, incluida la contratación de personal federal, el uso de las instalaciones federales y la venta de vivienda financiada con fondos federales.
Pero hay otras medidas necesarias que solamente el Congreso puede adoptar, y deben adoptarse en esta legislatura. El antiguo código de derecho de equidad al amparo del cual vivimos exige un remedio para cada injusticia, pero en demasiadas comunidades, en demasiadas partes del país, se cometen injusticias contra los ciudadanos negros y no hay ningún remedio jurídico contra ellas. A no ser que el Congreso actúe, su único remedio se encuentra en las calles.
Por consiguiente, voy a pedir al Congreso que apruebe una legislación que dé a todos los estadounidenses el derecho a que les sirvan en los establecimientos abiertos al público, tales como hoteles, restaurantes, cines, comercios y otros semejantes.
Considero que se trata de un derecho elemental. Denegarlo constituye una indignidad arbitraria que ningún estadounidense en 1963 debería soportar; sin embargo, muchos lo hacen.
Hace poco me he reunido con numerosos líderes empresariales, para instarles a adoptar medidas voluntarias que pongan fin a esta discriminación; su respuesta ha sido alentadora y, en las últimas 2 semanas, en más de 75 ciudades se han realizado progresos eliminando la segregación en este tipo de establecimientos. Sin embargo, muchos no están dispuestos a actuar en solitario y, por este motivo, se requiere una legislación nacional que nos permita sacar este problema de las calles y llevarlo ante los tribunales.
También voy a pedir al Congreso que autorice al Gobierno Federal que participe más plenamente en los pleitos destinados a poner fin a la segregación en la educación pública. Hemos conseguido convencer a numerosos distritos para que eliminen la segregación voluntariamente. En docenas de ellos se ha admitido a los negros sin violencia. Hoy, hay negros que asisten a instituciones estatales en todos nuestros 50 estados, pero el ritmo es muy lento.
Demasiados niños negros que entraron en escuelas de primaria segregadas hace 9 años, cuando se dictó la sentencia del Tribunal Supremo, entrarán en institutos segregados este otoño, y habrán sufrido una pérdida que jamás podremos resarcir. La falta de una educación suficiente niega al negro la oportunidad de obtener un puesto de trabajo digno.
Por tanto, la aplicación metódica de la sentencia del Tribunal Supremo no puede corresponderles únicamente a aquellos que posiblemente no tengan los recursos económicos necesarios para iniciar acciones legales o que estén sometidos a presión.
También se solicitarán otras figuras, tales como mayor protección para ejercer el derecho al voto. Pero la legislación, insisto, no puede solucionar por sí misma este problema. Debe resolverse en los hogares de todos los estadounidenses en todas las comunidades de todo nuestro país.
En este sentido, deseo brindar tributo a los ciudadanos del norte y el sur que trabajan desde hace tiempo en sus comunidades para que la vida sea mejor para todos. No actúan movidos por un sentido de su deber jurídico, sino movidos por su sentido de la dignidad humana.
Al igual que nuestros soldados y marinos de todos los lugares del mundo, luchan por superar los desafíos de la libertad en primera línea de fuego, y les rindo homenaje por su honor y su valentía.
Conciudadanos míos, este es un problema al que nos enfrentamos todos, en todas las ciudades del norte y del sur. Hoy, hay negros desempleados, dos o tres veces más que blancos, con una educación insuficiente, que se mudan a las ciudades grandes, incapaces de encontrar trabajo, en particular, jóvenes desempleados sin esperanza, a quienes se les niega la igualdad de derechos, se les niega la oportunidad de comer en un restaurante o en la barra de un bar o de entrar en un cine, se les niega el derecho a una educación digna, se les niega prácticamente el derecho a asistir a una universidad estatal aunque cumplan los requisitos. Considero que estos asuntos nos atañen a todos, no solo a los presidentes, congresistas o gobernadores, sino a todos los ciudadanos de los Estados Unidos.
Este es un solo país. Se ha convertido en un solo país porque todos nosotros y todas las personas que vinieron aquí hemos tenido las mismas oportunidades para desarrollar nuestro talento.
No podemos afirmar que al 10 por ciento de la población no le corresponde tal derecho; que sus hijos no pueden tener la oportunidad de desarrollar el talento que posean; que la única forma de conseguir sus derechos es salir a manifestarse en las calles. Creo que les debemos, a ellos y a nosotros mismos, un país mejor que ese.
Por consiguiente, les pido su ayuda para que nos sea más fácil avanzar y proporcionar el tipo de trato igualitario que querríamos para nosotros mismos; proporcionar una oportunidad a cada niño de recibir educación hasta el límite de su talento.
Como ya he dicho, no todos los niños tienen el mismo talento, las mismas aptitudes o la misma motivación, pero sí deberían tener el mismo derecho de desarrollar su talento, sus aptitudes y su motivación, para conseguir realizarse.
Tenemos el derecho de esperar que la comunidad negra sea responsable y respete la ley, pero ellos tienen el derecho de esperar que la ley sea justa, que la Constitución no distinga colores, como el Juez Harlan declaró a principios de este siglo.
De esto es de lo que estamos hablando y es un asunto que atañe a este país y a lo que representa, y para conseguirlo pido el apoyo de todos nuestros ciudadanos.
Muchísimas gracias.
JOHN F. KENNEDY


Notas: El 11 junio de 1963, George Wallace, gobernador de Alabama, intentó bloquear la integración racial en la Universidad de Alabama. El Presidente John F. Kennedy envió suficientes fuerzas federales para retirar del camino al gobernador y permitir la inscripción de dos estudiantes negros. Esa tarde, JFK se dirigió a la nación por TV y radio, con este discurso histórico sobre los derechos civiles. Medgar Evers fue asesinado el día siguiente en Missisipi. Una semana después, el 19 de junio de 1963, JFK presentaba al Congreso el proyecto de Ley de Derechos Civiles, que finalmente terminaría convirtiéndose en ley en 1964.

martes, 4 de junio de 2019

Hace 56 años Kennedy se "auto sentenciaba" a muerte




El 4 de junio de 1963, John Fitzgerald Kennedy intentó quitarle a la Reserva Federal de EE.UU. su poder de prestar dinero con interés al gobierno. El entonces presidente firmó la Orden Ejecutiva N º 11110 que devolvió al gobierno de los EE.UU. la facultad de emitir moneda, sin tener que pedirlo prestado a la Reserva Federal. Kennedy dio a la Tesorería la facultad “para expedir certificados de plata respaldados por reservas de plata metal en el Tesoro”. Esto significa que por cada onza de plata en poder del Tesoro el gobierno podría poner nuevo dinero en circulación. En total, cerca de 4,3 millones de estos “dólares Kennedy” fueron puestos en circulación por este mandato de Kennedy. Las ramificaciones de este proyecto de ley eran y siguen siendo enormes.on un golpe de pluma, Kennedy dio la sentencia de muerte a la Reserva Federal. Si una cantidad suficiente de estos billetes respaldados en plata hubieran sido puestos en circulación se hubiera eliminado la demanda para billetes de la Reserva Federal porque los “Billetes de Plata de Kennedy” estaban respaldados por metales preciosos y los de la Reserva Federal por nada. La Orden Ejecutiva 11110 hubiera impedido que la deuda nacional llegase a su nivel actual, debido a que hubiera dado al gobierno la capacidad de reembolso de la deuda sin tener que acudir a la Reserva Federal y el subsiguiente pago de intereses a fin de crear el nuevo dinero. La orden Ejecutiva 11110 dio al Congreso de los EE.UU. la posibilidad de crear su propio dinero respaldado por plata y libre de deuda e interés.
Sólo cinco meses después de que fuera asesinado Kennedy, dejaron de imprimirse más “Billetes de plata”. El decreto 11110 nunca fue derogado por ningún Presidente después por Orden Ejecutiva y legalmente sigue siendo válido hoy día. ¿Por qué entonces no lo ha utilizado ningún presidente después? Prácticamente la totalidad de los casi 6 billones de dólares de la deuda federal ha sido creada desde 1963, y si un presidente hubiese utilizado la Orden Ejecutiva 11110, la deuda sería muy diferente de los niveles actuales. Quizás el asesinato de JFK fue una advertencia a futuros presidentes que piensen eliminar la deuda federal revocando el control que tiene sobre la creación de dinero la Reserva Federal.

Kennedy desafió a los gobernadores del dinero retando a los dos vehículos más eficaces jamás utilizados para provocar el aumento de la deuda – la guerra y la creación de dinero por un Banco Central privado– .Sus esfuerzos por replegar todas las tropas de Vietnam en el 64, y por la Orden Ejecutiva 11110 hubieran cortado severamente a los beneficios y el control del establecimiento bancario de Nueva York. Ahora que EE.UU. se arrastra por el fango en el Suroeste Asiático y alcanza una deuda más que insostenible nos hace preguntar: ¿algún candidato de estas campañas presidenciales tiene el valor de considerar la utilización de la Orden Ejecutiva 11110 y está dispuesto a pagar el supremo precio por hacerlo?
Más abajo, la traducción de La Orden Ejecutiva 11110:
Executive Order 11110 AMENDMENT OF EXECUTIVE ORDER NO. 10289

AS AMENDED, RELATING TO THE PERFORMANCE OF CERTAIN FUNCTIONS AFFECTING THE DEPARTMENT OF THE TREASURY

En virtud de la autoridad conferida a mi persona por la sección 301 del título 3 del Código de los Estados Unidos, se ordena de la siguiente manera:

Sección 1. Decreto Ejecutivo N º 10289 de 19 de septiembre de 1951, en su versión modificada, se vuelve a modificar –

Al añadir al final del párrafo 1, el siguiente inciso(j):

(J) La autoridad que recae en el Presidente por el párrafo (b) de la sección 43 de la Ley de Mayo 12,1933, en su versión modificada (31 USC821 (b)), para emitir certificados de plata respaldado por reservas de plata de La Tesorería, para prescribir la denominación de tales certificados de plata, y emitir monedas dólar de plata estándar y divisa subsidiaria por su equivalente en plata.

Revocando los incisos (b) y (c) del apartado 2 del mismo.

Sec. 2. Las modificaciones introducidas por la presente Orden no afectarán a ningún acto realizado, o cualquiera de los derechos devengados o cualquier juicio o procedimiento presente o iniciado en cualquier causa civil o penal antes de la fecha de la presente Orden, pero todos esos pasivos continuarán y pueden ser ejecutados como si dichas modificaciones no se hubiesen hecho.
—————————————————————————

John F. Kennedy, La Casa Blanca, el 4 de junio de 1963.

El hecho de que tanto a JFK como a Lincoln les tocara el mismo fin no es mera coincidencia. Abajo la política monetaria de Abraham Lincoln. 1865 (página 91 del documento Senado 23.)

El dinero es la criatura de la ley y la creación de la emisión original de dinero debe mantenerse como monopolio exclusivo de un gobierno nacional.

El dinero no posee valor para el Estado salvo el que obtiene por circulación.

El capital tiene el lugar que le corresponde y tiene derecho a toda protección. El salario de las personas debe ser reconocido en la estructura y en el orden social como más importante que los salarios de dinero.

Ningún deber es más imperativo para el Gobierno que el deber que se debe proporcionar al Pueblo con una moneda sólida y uniforme, y de la regulación de la circulación de este medio de intercambio de modo que se proteja el trabajo de un una moneda viciosa, y el comercio se Facilitará por el intercambio seguro y barato.

La oferta disponible de Oro y Plata es totalmente insuficiente para permitir la emisión de monedas de valor intrínseco o papel moneda convertible en moneda en el volumen necesario para cubrir las necesidades del Pueblo. Alguna otra base para la emisión de moneda debe desarrollarse, y algunos medios que no sean el de la convertibilidad en moneda debe ser desarrollado para prevenir la excesiva fluctuación en el valor de la moneda papel o cualquier otro sustituto por dinero de valor intrínseco que podría entrar en uso.

Las necesidades monetarias de un número creciente de personas que avanzan hacia niveles más altos de vida pueden y deben ser cumplidas por el Gobierno. Tales necesidades pueden ser atendidas por la emisión de una moneda nacional y de crédito a través de la operación de un sistema bancario nacional. La circulación de un medio de intercambio emitido y respaldado por el Gobierno puede ser adecuadamente regulado y la redundancia de emisión evitada por retirar de la circulación esas cantidades que sean necesarias a través de impuestos, reintegro, y demás. El Gobierno tiene la facultad de regular la moneda y el crédito de La Nación.

El Gobierno debe respaldar su moneda y crédito y los depósitos del Banco de la Nación. Ningún individuo debería sufrir una pérdida de dinero a través de la depreciación o inflación de la moneda o de la quiebra de un banco.

El Gobierno que posee el poder de crear y emitir moneda y crédito como dinero y de disfrutar el derecho a retirar tanto la moneda como el crédito de la circulación a través de Fiscalidad no necesita ni debe obtener préstamos a interés como medio de financiación de los trabajos gubernamentales y empresas públicas. El Gobierno debe crear, emitir, y distribuir toda moneda y crédito necesario para satisfacer la capacidad de gasto del Gobierno y el poder adquisitivo de los consumidores. El privilegio de la creación y emisión de dinero no es sólo la suprema prerrogativa de Gobierno, sino es su más grande oportunidad creativa.

Mediante la adopción de estos principios, la larga espera por un medio uniforme será atendida. Los contribuyentes ahorrarán inmensas sumas de intereses, descuentos, y cambios. La financiación de toda empresa pública, el mantenimiento de gobierno estable y ordenado progreso, y la realización de la Tesorería se convertirán en asuntos de administración práctica. El pueblo puede ser y será servido con una moneda tan seguro como su propio Gobierno. El dinero dejará de ser el amo y se convertirá en sirviente de la humanidad. La democracia se elevará superior al poder del dinero.

Un poco de información sobre la Reserva Federal, una corporación privada.

Una de las preocupaciones más comunes entre las personas que se dedican a cualquier intento de reducir sus impuestos, es: “¿al guardar mi dinero se debilitará la capacidad del gobierno de pagar sus facturas?” Como se explica al principio de este informe: El impuesto de la renta moderna no fue diseñado para pagar ni paga los servicios gubernamentales. Lo que sí hace es financiar el Sistema privado de La Reserva Federal.

“El Sistema de la Reserva Federal”, se define en los diccionarios de derecho como: “La red de doce bancos centrales a la que pertenecen la mayoría de los bancos nacionales y a la que pueden pertenecer bancos estatales. Normas de composición requieren la inversión de valores y reservas mínimas.”

Bancos privados son propietarios de La Reserva Federal. Esto se explica con más detalle en el caso de Lewis contra los Estados Unidos, Federal Reporter, 2 ª Serie, Vol. 680, Páginas 1239, 1241 (1982), en el cual el tribunal dice:

Cada Banco de la Reserva Federal es una corporación aparte y es propiedad de los bancos comerciales en su región. Los bancos comerciales accionistas en La Reserva Federal eligen dos tercios de los nueve directores del consejo de administración.
Del mismo modo, los bancos de la Reserva Federal, aunque muy regulados, son controlados localmente por sus bancos miembros.

En el siguiente extracto de los diccionarios de derecho, encontramos que estos bancos de propiedad privada en realidad emiten dinero.

Acta de Ley de la Reserva Federal: Ley que crea los bancos de La Reserva Federal que actúan como agentes en el mantenimiento de reservas de dinero, emitiendo dinero en forma de billetes, prestando dinero a bancos, y en la supervisión de bancos. Administrado por la Junta de la Reserva Federal (q.v.).

Los bancos de “La FED”, que son de propiedad privada, realmente emiten, es decir, crean, el dinero que utilizamos. En 1964 el Subcomité de Finanzas doméstica del Comité de Banca y Moneda, en la segunda sesión de la 88 ª Congreso, publicó un estudio titulado “Money Facts” (Hechos del Dinero) que contiene una muy buena descripción de lo que la FED realmente es:

La Reserva Federal es una gran máquina de dinero. Puede emitir dinero o cheques. Y nunca tiene problema con pagar sus cheques porque puede obtener los billetes necesarios para cubrir sus cheques simplemente pidiéndo a la Casa de la Moneda del Departamento del Tesoro que se los imprima.

Como todos sabemos, cualquier persona que tenga mucho dinero, tiene mucho poder. Imagina un grupo de personas que tienen el poder de crear dinero. Imagínese el poder que estas personas tendrían. Esto es lo que es la Reserva Federal.

Ningún hombre jamás hizo más para exponer el poder de la Reserva Federal que Louis T. McFadden, quien fue el Presidente del Comité Bancario de la Cámara de Representantes en la década de los 30. Constantemente señalando que las cuestiones monetarias no deben ser partidistas, criticó tanto a la administración de Herbert Hoover como la de Franklin Roosevelt. En su descripción de la Reserva Federal, señaló en el “Congressional Record”, páginas 1295 y 1296 de 10 de junio de 1932 lo siguiente:

“Señor Presidente, tenemos en este país una de las instituciones más corruptas que el mundo ha conocido jamás. Me refiero a la Junta de la Reserva Federal y los bancos de reserva federal. La Junta de la Reserva Federal, una Junta de Gobierno, ha estafado al Gobierno de los Estados Unidos y al Pueblo de los Estados Unidos tanto dinero como para pagar la deuda nacional. Las depredaciones y las iniquidades de la Junta de la Reserva Federal y los bancos de reserva federal de actuar juntos han costado a este país bastante dinero como para pagar la deuda nacional varias veces. Esta institución maléfica ha empobrecido y arruinado al Pueblo de los Estados Unidos; ha provocado la bancarrota de sí, y prácticamente la bancarrota de nuestro Gobierno. Ha hecho esto a través de la mala administración de la ley por la cual la Junta de la Reserva Federal existe y, a través de las prácticas corruptas de los buitres que la controlan.

Todo mundo piensa que los bancos de la Reserva Federal son instituciones del Gobierno de los Estados Unidos. No son instituciones del Gobierno. Son monopolios privados de crédito que explotan a la población de los Estados Unidos en beneficio de ellos mismos y sus clientes extranjeros, especuladores y estafadores extranjeros y nacionales, y los ricos prestamistas predatorios. Entre su tripulación de oscuros piratas financieros hay quienes degollarían a un hombre para un dólar. Hay los que compran votos para el control de nuestra legislativa. Y aquellos que mantienen una propaganda internacional con el propósito de engañarnos con el fin de otorgar concesiones que les permitan encubrir sus crímenes y poner en marcha de nuevo su enorme tren de la delincuencia. Estos 12 monopolios privados de crédito fueron engañosamente y deslealmente impuestos a este país por banqueros que llegaron de Europa y que nos agradecen nuestra hospitalidad socavando a nuestras instituciones.

La Fed básicamente funciona así: El gobierno dió su poder de crear dinero a los bancos de la Reserva Federal. Ellos crean dinero, y luego lo prestan al gobierno cobrando intereses. El gobierno recauda impuestos sobre la renta para pagar los intereses de la deuda. Observemos, que la Acta de Ley de La Reserva Federal y la enmienda XVI , que dio al Congreso la facultad de recaudar los impuestos sobre la renta, fueron ambas aprobadas en el mismo año 1913. El increíble poder de la Reserva Federal sobre la economía es universalmente admitido. Algunas personas, sobre todo en la banca y las comunidades académicas, incluso lo apoyan. Por otra parte, hay aquellos, tanto en el pasado como en el presente, que se pronuncien en contra de ella. Una de estas personas fue el Presidente John F. Kennedy.

Otro aspecto olvidado del intento de Kennedy por reformar la sociedad americana también involucraba el dinero. Kennedy razonaba que volver a cumplir la Constitución, que establece que sólo el Congreso deberá emitir y regular la moneda, reduciría la deuda nacional suprimiendo el pago de intereses a los banqueros de la Reserva Federal, que imprimen dinero papel que prestan al Gobierno cobrando interés. Pisó en este terreno el 4 de junio de 1963, mediante la firma de la Orden Ejecutiva 11110 que ordenó la emisión de 4.292.893.815 de dólares en billetes de Estados Unidos a través del Tesoro de los EE.UU. en lugar del Sistema de la Reserva Federal. Ese mismo día, Kennedy firmó un proyecto de ley cambiando el respaldo en plata de los billetes de uno y dos dólares al de oro, así reforzando la muy debilitada moneda estadounidense.

El asesor de la moneda de Kennedy, James J. Saxon, también llevaba tiempo enfrentado con la poderosa Junta de la Reserva Federal. El alentaba a la inversión y poderes de crédito en bancos que no eran parte del sistema de la Reserva Federal. Saxon también había decidido que bancos ajenos a La Reserva Federal podrían emitir bonos para obligaciones estatales y locales generales, así también el debilitamiento de los dominantes bancos de la Reserva Federal.

Bastantes “Billetes Kennedy” fueron puestos en circulación con el título de “United States Note”. Fueron rápidamente retirados después de la muerte del Presidente.
Según información de la Biblioteca de la Contraloría de la Moneda, la Orden Ejecutiva 11110 continúa vigente, a pesar de que las sucesivas administraciones, empezando por Lyndon Johnson lo han ignorado y en su lugar prosiguen con la práctica del pago de intereses para los “Federal Reserve Notes”. Hoy, seguimos utilizando los billetes de la Reserva Federal. Y el déficit se multiplica exponencialmente.

En resumen: La Renta que tu pagas a la Agencia Tributaria (IRS) no se utiliza para financiar servicios gubernamentales. No haría ningún daño a la nación, (al contrario la salvaría) reducir o eliminar legalmente tu responsabilidad tributaria.

Otras fuentes referidas:

Crossfire: Jim Marrs, 1990

Diccionario Legal: Black’s Law Dictionary

domingo, 11 de junio de 2017

Hace 54 años Kennedy hacía respetar los derechos civiles, en Alabama



 
DISCURSO DE LOS DERECHOS CIVILES DESDE LA CASA BLANCA

John F. Kennedy 11 de Junio de 1963

Buenas noches, conciudadanos:
Esta tarde, tras una serie de amenazas y declaraciones desafiantes, ha sido necesaria la presencia de la Guardia Nacional de Alabama en la Universidad de Alabama para hacer cumplir la orden definitiva e inequívoca del Tribunal de Distrito de los Estados Unidos para el Distrito Norte de Alabama. En esta orden se exigía la admisión de dos jóvenes residentes de Alabama claramente cualificados que, por las circunstancias de la vida, habían nacido negros.
Que se les admitiera pacíficamente en el campus ha sido, en buena parte, gracias a la conducta de los estudiantes de la Universidad de Alabama, que cumplieron con sus responsabilidades de forma constructiva.
Espero que todos los ciudadanos estadounidenses, con independencia del lugar donde vivan, se paren a hacer examen de conciencia sobre estos y otros incidentes de esta índole. Esta Nación fue fundada por hombres de muchos países y procedencias. Se fundó basándose en el principio de que todos los seres humanos son creados iguales, y de que los derechos de cada ser humano se ven reducidos cuando se amenazan los derechos de uno solo de ellos.
Hoy, estamos comprometidos en una lucha mundial por promover y proteger los derechos de todos los que desean ser libres. Y cuando enviamos ciudadanos estadounidenses a Vietnam o Berlín Occidental, no pedimos que vayan solo blancos. Por lo tanto, debería ser posible que los estudiantes estadounidenses de cualquier color asistieran a cualquier institución pública que elijan sin que les tengan que proteger efectivos del ejército.
Debería ser posible que los consumidores estadounidenses de cualquier color recibieran igual servicio en establecimientos públicos, tales como hoteles y restaurantes, cines y comercios, sin verse obligados a convocar manifestaciones en las calles, y debería ser posible que los ciudadanos estadounidenses de cualquier color se inscribiesen para votar en unas elecciones libres sin interferencias o temor de represalias.
Debería ser posible, sencillamente, que todos los estadounidenses disfrutaran de los privilegios de ser estadounidenses con independencia de su raza o su color. Sencillamente, todos los estadounidenses deberían tener el derecho de que se les tratasen como ellos desearan, como uno querría que se tratara a sus hijos. Pero esto no sucede así.
Un bebé negro nacido en los Estados Unidos hoy, sin importar en qué parte de la Nación venga al mundo, tiene más o menos la mitad de probabilidades de completar la escolarización en el instituto que un bebé blanco nacido en el mismo lugar el mismo día, una tercera parte de probabilidades de llegar a completar estudios universitarios, una tercera parte de probabilidades de llegar a convertirse en un profesional, el doble de probabilidades de estar desempleado, una séptima parte de probabilidades de ganar 10.000 dólares anuales, una esperanza de vida siete años menor, y la perspectiva de ganar solamente la mitad.
Y no es un problema que afecte solo a algunos sectores del país. Existen dificultades relativas ala segregación y la discriminación en todas las ciudades, en todos los estados de la Unión, lo que está dando lugar en muchas ciudades a una ola de descontento que va en aumento y amenaza la seguridad pública. Tampoco es una cuestión partidista. En un momento de crisis nacional, los hombres generosos de buena voluntad deberían poder unirse con independencia de los partidos ola política. Ni siquiera es solamente una cuestión legal o legislativa. Es mejor dirimir estos asuntos en los tribunales que en las calles, y se necesitan leyes nuevas en todos los ámbitos, pero la ley por sí sola no puede hacer que los hombres distingan el camino recto.
Nos vemos principalmente ante una cuestión moral. Es tan antigua como las Escrituras y tan clara como la Constitución estadounidense.
El núcleo de la cuestión es si todos los estadounidenses deben disfrutar de igualdad de derechos e igualdad de oportunidades, si vamos a tratar a nuestros conciudadanos como queremos que nos traten a nosotros. Si un estadounidense, por tener la piel oscura, no puede entrar a comer en un restaurante abierto al público, si no puede mandar a sus hijos a la mejor escuela pública disponible, si no puede votar a los responsables públicos que le van a representar, si, sencillamente, no puede disfrutar de la vida plena y libre que todos nosotros deseamos, entonces, ¿quién de nosotros estaría dispuesto a cambiar el color de su piel y ocupar su lugar? ¿Quién de nosotros se conformaría con consejos de paciencia y demora?
Han pasado cien años de demoras desde que el presidente Lincoln liberó a los esclavos, pero sus herederos, sus nietos, no son plenamente libres. Todavía no están libres de las cadenas de la injusticia. Todavía no están libres de la opresión social y económica. Y esta Nación, con todas sus esperanzas y sus alardes, no será libre hasta que todos sus ciudadanos sean libres.
Predicamos la libertad en todo el mundo y estamos convencidos de ello, y apreciamos nuestra libertad aquí, en casa, pero ¿vamos a decirle al mundo y, lo que es más importante, nos vamos a decir unos a otros, que esta es la tierra de los libres excepto para los negros; que no tenemos ciudadanos de segunda clase excepto los negros; que no tenemos ningún sistema de clases o castas, guetos ni ninguna raza dominante... salvo respecto a los negros?
Ha llegado el momento de que esta Nación cumpla su promesa. Los acontecimientos de Birmingham y otros lugares han propiciado tal aumento de los gritos por la igualdad que ninguna ciudad, ningún estado ni ningún órgano legislador prudente puede hacer caso omiso de ellos.
La llama de la frustración y la discordia arde en todas las ciudades, del norte y del sur, y no hay remedios jurídicos disponibles. Se busca la reparación en las calles, en manifestaciones, marchas y protestas que crean tensiones, presagian violencia, amenazan vidas.
Por consiguiente, nos hallamos ante una crisis moral como país y como personas. No se puede solucionar con medidas de represión policial. No se puede arreglar a base de más y más manifestaciones en las calles. No se puede acallar con gestos o palabras. Es el momento de actuar en el Congreso, en los organismos legislativos locales de cada Estado y, sobre todo, en nuestras vidas cotidianas.
No basta con echar la culpa a los demás, con decir que es un problema de una zona del país u otra, o con lamentar la situación que se nos plantea. Es un momento de grandes cambios y nuestra labor, nuestra obligación, consiste en llevar a cabo esa revolución, esos cambios, de forma pacífica y constructiva para todos.
Los que no hacen nada atraen la deshonra, además de la violencia. Los que actúan con valentía están reconociendo lo que es correcto, además de la realidad.
La semana que viene pediré al Congreso de los Estados Unidos que actúe, que contraiga un compromiso que no ha llegado a asumir en este siglo, respecto del principio según el cual la raza no tiene lugar en la vida o las leyes estadounidenses. El sector judicial federal ha ratificado este principio en el desempeño de sus actividades, incluida la contratación de personal federal, el uso de las instalaciones federales y la venta de vivienda financiada con fondos federales.
Pero hay otras medidas necesarias que solamente el Congreso puede adoptar, y deben adoptarse en esta legislatura. El antiguo código de derecho de equidad al amparo del cual vivimos exige un remedio para cada injusticia, pero en demasiadas comunidades, en demasiadas partes del país, se cometen injusticias contra los ciudadanos negros y no hay ningún remedio jurídico contra ellas. A no ser que el Congreso actúe, su único remedio se encuentra en las calles.
Por consiguiente, voy a pedir al Congreso que apruebe una legislación que dé a todos los estadounidenses el derecho a que les sirvan en los establecimientos abiertos al público, tales como hoteles, restaurantes, cines, comercios y otros semejantes.
Considero que se trata de un derecho elemental. Denegarlo constituye una indignidad arbitraria que ningún estadounidense en 1963 debería soportar; sin embargo, muchos lo hacen.
Hace poco me he reunido con numerosos líderes empresariales, para instarles a adoptar medidas voluntarias que pongan fin a esta discriminación; su respuesta ha sido alentadora y, en las últimas 2 semanas, en más de 75 ciudades se han realizado progresos eliminando la segregación en este tipo de establecimientos. Sin embargo, muchos no están dispuestos a actuar en solitario y, por este motivo, se requiere una legislación nacional que nos permita sacar este problema de las calles y llevarlo ante los tribunales.
También voy a pedir al Congreso que autorice al Gobierno Federal que participe más plenamente en los pleitos destinados a poner fin a la segregación en la educación pública. Hemos conseguido convencer a numerosos distritos para que eliminen la segregación voluntariamente. En docenas de ellos se ha admitido a los negros sin violencia. Hoy, hay negros que asisten a instituciones estatales en todos nuestros 50 estados, pero el ritmo es muy lento.
Demasiados niños negros que entraron en escuelas de primaria segregadas hace 9 años, cuando se dictó la sentencia del Tribunal Supremo, entrarán en institutos segregados este otoño, y habrán sufrido una pérdida que jamás podremos resarcir. La falta de una educación suficiente niega al negro la oportunidad de obtener un puesto de trabajo digno.
Por tanto, la aplicación metódica de la sentencia del Tribunal Supremo no puede corresponderles únicamente a aquellos que posiblemente no tengan los recursos económicos necesarios para iniciar acciones legales o que estén sometidos a presión.
También se solicitarán otras figuras, tales como mayor protección para ejercer el derecho al voto. Pero la legislación, insisto, no puede solucionar por sí misma este problema. Debe resolverse en los hogares de todos los estadounidenses en todas las comunidades de todo nuestro país.
En este sentido, deseo brindar tributo a los ciudadanos del norte y el sur que trabajan desde hace tiempo en sus comunidades para que la vida sea mejor para todos. No actúan movidos por un sentido de su deber jurídico, sino movidos por su sentido de la dignidad humana.
Al igual que nuestros soldados y marinos de todos los lugares del mundo, luchan por superar los desafíos de la libertad en primera línea de fuego, y les rindo homenaje por su honor y su valentía.
Conciudadanos míos, este es un problema al que nos enfrentamos todos, en todas las ciudades del norte y del sur. Hoy, hay negros desempleados, dos o tres veces más que blancos, con una educación insuficiente, que se mudan a las ciudades grandes, incapaces de encontrar trabajo, en particular, jóvenes desempleados sin esperanza, a quienes se les niega la igualdad de derechos, se les niega la oportunidad de comer en un restaurante o en la barra de un bar o de entrar en un cine, se les niega el derecho a una educación digna, se les niega prácticamente el derecho a asistir a una universidad estatal aunque cumplan los requisitos. Considero que estos asuntos nos atañen a todos, no solo a los presidentes, congresistas o gobernadores, sino a todos los ciudadanos de los Estados Unidos.
Este es un solo país. Se ha convertido en un solo país porque todos nosotros y todas las personas que vinieron aquí hemos tenido las mismas oportunidades para desarrollar nuestro talento.
No podemos afirmar que al 10 por ciento de la población no le corresponde tal derecho; que sus hijos no pueden tener la oportunidad de desarrollar el talento que posean; que la única forma de conseguir sus derechos es salir a manifestarse en las calles. Creo que les debemos, a ellos y a nosotros mismos, un país mejor que ese.
Por consiguiente, les pido su ayuda para que nos sea más fácil avanzar y proporcionar el tipo de trato igualitario que querríamos para nosotros mismos; proporcionar una oportunidad a cada niño de recibir educación hasta el límite de su talento.
Como ya he dicho, no todos los niños tienen el mismo talento, las mismas aptitudes o la misma motivación, pero sí deberían tener el mismo derecho de desarrollar su talento, sus aptitudes y su motivación, para conseguir realizarse.
Tenemos el derecho de esperar que la comunidad negra sea responsable y respete la ley, pero ellos tienen el derecho de esperar que la ley sea justa, que la Constitución no distinga colores, como el Juez Harlan declaró a principios de este siglo.
De esto es de lo que estamos hablando y es un asunto que atañe a este país y a lo que representa, y para conseguirlo pido el apoyo de todos nuestros ciudadanos.
Muchísimas gracias.
JOHN F. KENNEDY

Notas: El 11 junio de 1963, George Wallace, gobernador de Alabama, intentó bloquear la integración racial en la Universidad de Alabama. El Presidente John F. Kennedy envió suficientes fuerzas federales para retirar del camino al gobernador y permitir la inscripción de dos estudiantes negros. Esa tarde, JFK se dirigió a la nación por TV y radio, con este discurso histórico sobre los derechos civiles. Medgar Evers fue asesinado el día siguiente en Missisipi. Una semana después, el 19 de junio de 1963, JFK presentaba al Congreso el proyecto de Ley de Derechos Civiles, que finalmente terminaría convirtiéndose en ley en 1964.

domingo, 4 de junio de 2017

A 54 años de la decisión de John Fitzgerald Kennedy que, días después, terminó con su asesinato:




El 4 de junio de 1963, John Fitzgerald Kennedy intentó quitarle a la Reserva Federal de EE.UU. su poder de prestar dinero con interés al gobierno. El entonces presidente firmó la Orden Ejecutiva N º 11110 que devolvió al gobierno de los EE.UU. la facultad de emitir moneda, sin tener que pedirlo prestado a la Reserva Federal. Kennedy dio a la Tesorería la facultad “para expedir certificados de plata respaldados por reservas de plata metal en el Tesoro”. Esto significa que por cada onza de plata en poder del Tesoro el gobierno podría poner nuevo dinero en circulación. En total, cerca de 4,3 millones de estos “dólares Kennedy” fueron puestos en circulación por este mandato de Kennedy. Las ramificaciones de este proyecto de ley eran y siguen siendo enormes.on un golpe de pluma, Kennedy dio la sentencia de muerte a la Reserva Federal. Si una cantidad suficiente de estos billetes respaldados en plata hubieran sido puestos en circulación se hubiera eliminado la demanda para billetes de la Reserva Federal porque los “Billetes de Plata de Kennedy” estaban respaldados por metales preciosos y los de la Reserva Federal por nada. La Orden Ejecutiva 11110 hubiera impedido que la deuda nacional llegase a su nivel actual, debido a que hubiera dado al gobierno la capacidad de reembolso de la deuda sin tener que acudir a la Reserva Federal y el subsiguiente pago de intereses a fin de crear el nuevo dinero. La orden Ejecutiva 11110 dio al Congreso de los EE.UU. la posibilidad de crear su propio dinero respaldado por plata y libre de deuda e interés.
Sólo cinco meses después de que fuera asesinado Kennedy, dejaron de imprimirse más “Billetes de plata”. El decreto 11110 nunca fue derogado por ningún Presidente después por Orden Ejecutiva y legalmente sigue siendo válido hoy día. ¿Por qué entonces no lo ha utilizado ningún presidente después? Prácticamente la totalidad de los casi 6 billones de dólares de la deuda federal ha sido creada desde 1963, y si un presidente hubiese utilizado la Orden Ejecutiva 11110, la deuda sería muy diferente de los niveles actuales. Quizás el asesinato de JFK fue una advertencia a futuros presidentes que piensen eliminar la deuda federal revocando el control que tiene sobre la creación de dinero la Reserva Federal.
Kennedy desafió a los gobernadores del dinero retando a los dos vehículos más eficaces jamás utilizados para provocar el aumento de la deuda – la guerra y la creación de dinero por un Banco Central privado– .Sus esfuerzos por replegar todas las tropas de Vietnam en el 64, y por la Orden Ejecutiva 11110 hubieran cortado severamente a los beneficios y el control del establecimiento bancario de Nueva York. Ahora que EE.UU. se arrastra por el fango en el Suroeste Asiático y alcanza una deuda más que insostenible nos hace preguntar: ¿algún candidato de estas campañas presidenciales tiene el valor de considerar la utilización de la Orden Ejecutiva 11110 y está dispuesto a pagar el supremo precio por hacerlo?
Más abajo, la traducción de La Orden Ejecutiva 11110:
Executive Order 11110 AMENDMENT OF EXECUTIVE ORDER NO. 10289
AS AMENDED, RELATING TO THE PERFORMANCE OF CERTAIN FUNCTIONS AFFECTING THE DEPARTMENT OF THE TREASURY
En virtud de la autoridad conferida a mi persona por la sección 301 del título 3 del Código de los Estados Unidos, se ordena de la siguiente manera:
Sección 1. Decreto Ejecutivo N º 10289 de 19 de septiembre de 1951, en su versión modificada, se vuelve a modificar –
Al añadir al final del párrafo 1, el siguiente inciso(j):
(J) La autoridad que recae en el Presidente por el párrafo (b) de la sección 43 de la Ley de Mayo 12,1933, en su versión modificada (31 USC821 (b)), para emitir certificados de plata respaldado por reservas de plata de La Tesorería, para prescribir la denominación de tales certificados de plata, y emitir monedas dólar de plata estándar y divisa subsidiaria por su equivalente en plata.
Revocando los incisos (b) y (c) del apartado 2 del mismo.
Sec. 2. Las modificaciones introducidas por la presente Orden no afectarán a ningún acto realizado, o cualquiera de los derechos devengados o cualquier juicio o procedimiento presente o iniciado en cualquier causa civil o penal antes de la fecha de la presente Orden, pero todos esos pasivos continuarán y pueden ser ejecutados como si dichas modificaciones no se hubiesen hecho.
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John F. Kennedy, La Casa Blanca, el 4 de junio de 1963.
El hecho de que tanto a JFK como a Lincoln les tocara el mismo fin no es mera coincidencia. Abajo la política monetaria de Abraham Lincoln. 1865 (página 91 del documento Senado 23.)
El dinero es la criatura de la ley y la creación de la emisión original de dinero debe mantenerse como monopolio exclusivo de un gobierno nacional.
El dinero no posee valor para el Estado salvo el que obtiene por circulación.
El capital tiene el lugar que le corresponde y tiene derecho a toda protección. El salario de las personas debe ser reconocido en la estructura y en el orden social como más importante que los salarios de dinero.
Ningún deber es más imperativo para el Gobierno que el deber que se debe proporcionar al Pueblo con una moneda sólida y uniforme, y de la regulación de la circulación de este medio de intercambio de modo que se proteja el trabajo de un una moneda viciosa, y el comercio se Facilitará por el intercambio seguro y barato.
La oferta disponible de Oro y Plata es totalmente insuficiente para permitir la emisión de monedas de valor intrínseco o papel moneda convertible en moneda en el volumen necesario para cubrir las necesidades del Pueblo. Alguna otra base para la emisión de moneda debe desarrollarse, y algunos medios que no sean el de la convertibilidad en moneda debe ser desarrollado para prevenir la excesiva fluctuación en el valor de la moneda papel o cualquier otro sustituto por dinero de valor intrínseco que podría entrar en uso.
Las necesidades monetarias de un número creciente de personas que avanzan hacia niveles más altos de vida pueden y deben ser cumplidas por el Gobierno. Tales necesidades pueden ser atendidas por la emisión de una moneda nacional y de crédito a través de la operación de un sistema bancario nacional. La circulación de un medio de intercambio emitido y respaldado por el Gobierno puede ser adecuadamente regulado y la redundancia de emisión evitada por retirar de la circulación esas cantidades que sean necesarias a través de impuestos, reintegro, y demás. El Gobierno tiene la facultad de regular la moneda y el crédito de La Nación.
El Gobierno debe respaldar su moneda y crédito y los depósitos del Banco de la Nación. Ningún individuo debería sufrir una pérdida de dinero a través de la depreciación o inflación de la moneda o de la quiebra de un banco.
El Gobierno que posee el poder de crear y emitir moneda y crédito como dinero y de disfrutar el derecho a retirar tanto la moneda como el crédito de la circulación a través de Fiscalidad no necesita ni debe obtener préstamos a interés como medio de financiación de los trabajos gubernamentales y empresas públicas. El Gobierno debe crear, emitir, y distribuir toda moneda y crédito necesario para satisfacer la capacidad de gasto del Gobierno y el poder adquisitivo de los consumidores. El privilegio de la creación y emisión de dinero no es sólo la suprema prerrogativa de Gobierno, sino es su más grande oportunidad creativa.
Mediante la adopción de estos principios, la larga espera por un medio uniforme será atendida. Los contribuyentes ahorrarán inmensas sumas de intereses, descuentos, y cambios. La financiación de toda empresa pública, el mantenimiento de gobierno estable y ordenado progreso, y la realización de la Tesorería se convertirán en asuntos de administración práctica. El pueblo puede ser y será servido con una moneda tan seguro como su propio Gobierno. El dinero dejará de ser el amo y se convertirá en sirviente de la humanidad. La democracia se elevará superior al poder del dinero.
Un poco de información sobre la Reserva Federal, una corporación privada.
Una de las preocupaciones más comunes entre las personas que se dedican a cualquier intento de reducir sus impuestos, es: “¿al guardar mi dinero se debilitará la capacidad del gobierno de pagar sus facturas?” Como se explica al principio de este informe: El impuesto de la renta moderna no fue diseñado para pagar ni paga los servicios gubernamentales. Lo que sí hace es financiar el Sistema privado de La Reserva Federal.
“El Sistema de la Reserva Federal”, se define en los diccionarios de derecho como: “La red de doce bancos centrales a la que pertenecen la mayoría de los bancos nacionales y a la que pueden pertenecer bancos estatales. Normas de composición requieren la inversión de valores y reservas mínimas.”
Bancos privados son propietarios de La Reserva Federal. Esto se explica con más detalle en el caso de Lewis contra los Estados Unidos, Federal Reporter, 2 ª Serie, Vol. 680, Páginas 1239, 1241 (1982), en el cual el tribunal dice:
Cada Banco de la Reserva Federal es una corporación aparte y es propiedad de los bancos comerciales en su región. Los bancos comerciales accionistas en La Reserva Federal eligen dos tercios de los nueve directores del consejo de administración.
Del mismo modo, los bancos de la Reserva Federal, aunque muy regulados, son controlados localmente por sus bancos miembros.
En el siguiente extracto de los diccionarios de derecho, encontramos que estos bancos de propiedad privada en realidad emiten dinero.
Acta de Ley de la Reserva Federal: Ley que crea los bancos de La Reserva Federal que actúan como agentes en el mantenimiento de reservas de dinero, emitiendo dinero en forma de billetes, prestando dinero a bancos, y en la supervisión de bancos. Administrado por la Junta de la Reserva Federal (q.v.).
Los bancos de “La FED”, que son de propiedad privada, realmente emiten, es decir, crean, el dinero que utilizamos. En 1964 el Subcomité de Finanzas doméstica del Comité de Banca y Moneda, en la segunda sesión de la 88 ª Congreso, publicó un estudio titulado “Money Facts” (Hechos del Dinero) que contiene una muy buena descripción de lo que la FED realmente es:
La Reserva Federal es una gran máquina de dinero. Puede emitir dinero o cheques. Y nunca tiene problema con pagar sus cheques porque puede obtener los billetes necesarios para cubrir sus cheques simplemente pidiéndo a la Casa de la Moneda del Departamento del Tesoro que se los imprima.
Como todos sabemos, cualquier persona que tenga mucho dinero, tiene mucho poder. Imagina un grupo de personas que tienen el poder de crear dinero. Imagínese el poder que estas personas tendrían. Esto es lo que es la Reserva Federal.
Ningún hombre jamás hizo más para exponer el poder de la Reserva Federal que Louis T. McFadden, quien fue el Presidente del Comité Bancario de la Cámara de Representantes en la década de los 30. Constantemente señalando que las cuestiones monetarias no deben ser partidistas, criticó tanto a la administración de Herbert Hoover como la de Franklin Roosevelt. En su descripción de la Reserva Federal, señaló en el “Congressional Record”, páginas 1295 y 1296 de 10 de junio de 1932 lo siguiente:
“Señor Presidente, tenemos en este país una de las instituciones más corruptas que el mundo ha conocido jamás. Me refiero a la Junta de la Reserva Federal y los bancos de reserva federal. La Junta de la Reserva Federal, una Junta de Gobierno, ha estafado al Gobierno de los Estados Unidos y al Pueblo de los Estados Unidos tanto dinero como para pagar la deuda nacional. Las depredaciones y las iniquidades de la Junta de la Reserva Federal y los bancos de reserva federal de actuar juntos han costado a este país bastante dinero como para pagar la deuda nacional varias veces. Esta institución maléfica ha empobrecido y arruinado al Pueblo de los Estados Unidos; ha provocado la bancarrota de sí, y prácticamente la bancarrota de nuestro Gobierno. Ha hecho esto a través de la mala administración de la ley por la cual la Junta de la Reserva Federal existe y, a través de las prácticas corruptas de los buitres que la controlan.
Todo mundo piensa que los bancos de la Reserva Federal son instituciones del Gobierno de los Estados Unidos. No son instituciones del Gobierno. Son monopolios privados de crédito que explotan a la población de los Estados Unidos en beneficio de ellos mismos y sus clientes extranjeros, especuladores y estafadores extranjeros y nacionales, y los ricos prestamistas predatorios. Entre su tripulación de oscuros piratas financieros hay quienes degollarían a un hombre para un dólar. Hay los que compran votos para el control de nuestra legislativa. Y aquellos que mantienen una propaganda internacional con el propósito de engañarnos con el fin de otorgar concesiones que les permitan encubrir sus crímenes y poner en marcha de nuevo su enorme tren de la delincuencia. Estos 12 monopolios privados de crédito fueron engañosamente y deslealmente impuestos a este país por banqueros que llegaron de Europa y que nos agradecen nuestra hospitalidad socavando a nuestras instituciones.
La Fed básicamente funciona así: El gobierno dió su poder de crear dinero a los bancos de la Reserva Federal. Ellos crean dinero, y luego lo prestan al gobierno cobrando intereses. El gobierno recauda impuestos sobre la renta para pagar los intereses de la deuda. Observemos, que la Acta de Ley de La Reserva Federal y la enmienda XVI , que dio al Congreso la facultad de recaudar los impuestos sobre la renta, fueron ambas aprobadas en el mismo año 1913. El increíble poder de la Reserva Federal sobre la economía es universalmente admitido. Algunas personas, sobre todo en la banca y las comunidades académicas, incluso lo apoyan. Por otra parte, hay aquellos, tanto en el pasado como en el presente, que se pronuncien en contra de ella. Una de estas personas fue el Presidente John F. Kennedy.
Otro aspecto olvidado del intento de Kennedy por reformar la sociedad americana también involucraba el dinero. Kennedy razonaba que volver a cumplir la Constitución, que establece que sólo el Congreso deberá emitir y regular la moneda, reduciría la deuda nacional suprimiendo el pago de intereses a los banqueros de la Reserva Federal, que imprimen dinero papel que prestan al Gobierno cobrando interés. Pisó en este terreno el 4 de junio de 1963, mediante la firma de la Orden Ejecutiva 11110 que ordenó la emisión de 4.292.893.815 de dólares en billetes de Estados Unidos a través del Tesoro de los EE.UU. en lugar del Sistema de la Reserva Federal. Ese mismo día, Kennedy firmó un proyecto de ley cambiando el respaldo en plata de los billetes de uno y dos dólares al de oro, así reforzando la muy debilitada moneda estadounidense.
El asesor de la moneda de Kennedy, James J. Saxon, también llevaba tiempo enfrentado con la poderosa Junta de la Reserva Federal. El alentaba a la inversión y poderes de crédito en bancos que no eran parte del sistema de la Reserva Federal. Saxon también había decidido que bancos ajenos a La Reserva Federal podrían emitir bonos para obligaciones estatales y locales generales, así también el debilitamiento de los dominantes bancos de la Reserva Federal.
Bastantes “Billetes Kennedy” fueron puestos en circulación con el título de “United States Note”. Fueron rápidamente retirados después de la muerte del Presidente.
Según información de la Biblioteca de la Contraloría de la Moneda, la Orden Ejecutiva 11110 continúa vigente, a pesar de que las sucesivas administraciones, empezando por Lyndon Johnson lo han ignorado y en su lugar prosiguen con la práctica del pago de intereses para los “Federal Reserve Notes”. Hoy, seguimos utilizando los billetes de la Reserva Federal. Y el déficit se multiplica exponencialmente.
En resumen: La Renta que tu pagas a la Agencia Tributaria (IRS) no se utiliza para financiar servicios gubernamentales. No haría ningún daño a la nación, (al contrario la salvaría) reducir o eliminar legalmente tu responsabilidad tributaria.
Otras fuentes referidas:
Crossfire: Jim Marrs, 1990
Diccionario Legal: Black’s Law Dictionary